Monegros en Km7 Espai d'Art
Monegros inédito
Dar respuesta a una inquietud motivada por la seducción de un paisaje sugerente ha sido el resultado del presente diálogo entre la fotografía de Pau Guerrero y la pintura y los dibujos a tinta china de Guerrero Medina. Sus obras emanan de la frontera entre ver y mirar, observar; para crear y desvelar aquello que durante miles de años ha estado latente, esperado ser despertado por la poética de la imagen. ¿Quién no ha sentido la atracción por los paisajes que se pierden en el infinito, desde el margen de la carretera, y que se van dejando atrás durante el trayecto de un viaje? Hacía más de treinta años que Guerrero Medina tenía pendiente explorar aquellos caminos que veía perderse en el horizonte cada vez que pasaba por los Monegros cuando iba dirección Madrid. Al rehacer la carretera, reencontraba la misma seducción, a la que finalmente empezó a dar respuesta ahora hace tres años. Esta primera incursión al paisaje de los Monegros fue un encuentro atávico con la naturaleza y el descubrimiento de un universo que rompía los tópicos. Lo que debía ser un paisaje plano, al adentrarse se convirtió en un lugar de colinas, precipicios, lomas, barrancos,… Un paisaje tectónico esculpido a base de pliegues y fallas en donde el artista encontró la plasticidad que su sensibilidad intuía. En la estructura de las composiciones sobre tela, la abstracción del primer plano es como un viaje iniciático para para poder dimensionar la fuerza y la volumetría de las montañas que definen el verdadero paisaje de este entorno. En este segundo plano del cuadro, el tratamiento que da a la imagen le otorga una presencia casi escultórica, realzando toda la fuerza telúrica conjugada con la magia del color. Se siente fascinado por los cambios de luz, adivinando las tardes en que los dorados se convierten en azul y el azul abraza todo el frío premonitorio de la noche. Los cuadros que Guerrero Medina dedica al paisaje de los Monegros son una síntesis entre la fuerza material y la espiritualidad lumínica. Se trata de haber captado y plasmado lo esencial que palpita en el alma de la geología, explicado desde el dominio de la estética. La serenidad y la experiencia acompañan a los silencios contenidos, cuando al explorar el mundo se logra alejar al abismo, justo en la medida que el pincel sabe conjugar finitud e inmensidad. La fascinación entorno un paisaje por tradición negro, que se deja descubrir sus mil colores a través de la mirada de Guerrero Medina, conlleva que esta primera incursión necesite de una segunda parte: la que hará acompañado de Pau Guerrero. La armonía cósmica existe. En este diálogo ha sido invitada por el agua. Elemento ausente en cualquier referencia a este paisaje, sobretodo en la parte del Desierto, se convierte en capricho del tiempo atmosférico, en la protagonista que modifica la percepción, el olor, la luz, la composición,… En cierto modo es como si el agua hubiese querido volver a estar presente en el diálogo entre los dos artistas. Pau descubre los Monegros empapados, en una metamorfosis que pone en evidencia la fugacidad de un paisaje que ha perdido la solidez, que pasa a ser frágil. Un paisaje en el que a cada paso los bloques de tierra se deshacen y de su apariencia sólida queda un contraste poético. Rodeados de agua y niebla, las líneas del paisaje se diluyen y todo se viste de una atmósfera oriental. La fotografía de Pau capta esta poesía mágica y enigmática de un paisaje inédito, que precipita los cambios habitualmente imperceptibles en la demora del tiempo. Con la presencia de la lluvia, en sus manos se potencia la profundidad en el degradado de las tonalidades y la luz. La composición presenta un marcado contraste entre la proximidad del suelo, de los surcos, de los gruesos que desaparecen al tocarlos y la profundidad del dibujo a través de las atmósferas. Todo ello junto a una ausencia de sombras que hace que los colores emanen en toda su plenitud. Pau atrapa el instante mágico que su mirada proyecta hacia en el paisaje y luego aparece dibujado en la fotografía, ya sea mediante la trama de la lluvia, el titileo de las hojas, el espejo que separa los surcos de la tierra, las colinas que rompen las planimetrías del horizonte o las sabinas emergiendo de la tierra. Es remarcable en la ejecución de la fotografía de Pau Guerrero el dominio técnico que demuestra al descifrar la caligrafía del paisaje que escribe sobre el papel Kozo, un papel japonés con la transparencia y el hilado precisos que serán el soporte perfecto para el tratamiento poético que él efectúa al paisaje, frágil y firme en su cambiante existencia. En ciertos momentos parece que ambos extraigan radiografías del paisaje. En los dibujos a tinta china de pastilla realizados por Guerrero Medina el paisaje se representa en su esencia, llegando incluso a la abstracción. El paralelismo de ciertas fotografías y dibujos no responde únicamente al hecho de haber compartido un mismo camino y dialogar con una sensibilidad similar; la delicadeza y la contundencia, estructuran dos discursos dialógicos complementarios de un instante ideal que les ha permitido dejar constancia de los imposibles. Las veladuras de las humedades difuminan la evidencia e invitan a la seducción de las transparencias, el entramado de la lluvia será el aglutinante entre todas las atmósferas y los blancos de cal que evocan la ilusión de la nieve.
Pilar Giró, Sant Feliu de Guíxols, mayo de 2017















